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TROPICALEO BORICUA SE FORJA EN MIAMI


Por Lorna Zayas Rodríguez

Hay quienes no encuentran y se quejan, y hay quienes no encuentran y, a partir de esto, crean, actúan y resuelven. Este fue el caso del sanjuanero Karl Amalia, creador de la línea Tropicaleo, quien, ante la falta de una línea de ropa que se adaptara a lo que él buscaba y necesitaba, decidió crear la propia sin tener experiencia alguna en diseño.



"Mi inspiración siempre ha sido Puerto Rico. Me visto bien tropical, con ropa cómoda, y me di cuenta de que no había ropa cómoda con un toque de Puerto Rico", dice Karl, cuyo toque anhelado era más sutil que el que estaba disponible en aquel momento.



Tropicaleo (ShopTropicaleo.com) lanzó recientemente su nueva colección, una de trajes de baño para hombres y niños, en diseños superfunky y divertidos, ideales para el verano y para el resto de las estaciones, y que se prestan muy bien para que papá y su hijo se luzcan con la misma pieza de ropa.



"Odiaba las mallas que les ponen a los trajes de baño de hombre. Me parecen incómodas. Se me encendió el bombillo y quise hacer la colección. La de los niños mantiene la malla, pero la de hombres, la sustituí con un liner de lycra, lo que hace toda la diferencia para los varones por la comodidad. ¡Todo el mundo me lo ha dicho! Eso me separa de otros trajes de baño", manifiesta Karl.



Coco Piña y Amapola son los dos diseños de estos cómodos trajes de baño, el cuarto de los accesorios y piezas que lanza Karl a través de su línea. Ambos diseños siguen el estilo de sus otras creaciones, que también emanan tropicaleo y puertorriqueñidad de una forma única.



"Estaba viviendo en Nueva York cuando comencé la idea de la línea, y me di cuenta de que no había mucha selección de camisas tropicales para hombres... Solo encontraba camisas que parecían como de crucero. Empecé a hacer research y no encontré diseños con los que pudiera identificarme. Busqué luego entre los diseñadores puertorriqueños a ver si había algo similar a lo que quería y no había nada", cuenta Karl, quien ahora reside en Miami con su esposa, Cristina, quien es original de Guaynabo y es su mano derecha en el negocio, que comenzó como una manera de llenar una necesidad personal.



"Empecé a estudiar por mi cuenta viendo vídeos de YouTube, con los que fui familiarizándome con el mundo de la moda –recuerda–. Lo próximo fue pensar: 'cómo voy a diseñar esto, cómo lo voy a ejecutar'. Empecé a buscar talento puertorriqueño para que me ayudara con el diseño, que pudiera plasmar mis ideas, y contraté a Manuel Valencia, quien también se había mudado de Puerto Rico a Nueva York".



De esta manera, Karl fue dando los primeros pasos de lo que sería Tropicaleo, que comenzó con el ya famoso bomber jacket, su "primer baby", como describe a la atractiva pieza unisex.


"Mi primer diseño, mi primer baby, fue el bomber jacket. Al idearlo, analicé cuál sería la 'mascota' de Puerto Rico y pensé en el vejigante. Creé un bomber jacket con un vejigante en la parte de atrás y el area code de Puerto Rico (787) al frente. Dije luego que cómo podía hacer el 8 de forma diferente y pensé: 'con una piña'", rememora Karl, cuya profesión es director de ventas y quien aclara que nuestro area code adornado con la piña es el que también ha hecho famosas a sus gorras, lanzadas a la vez que el jacket y que igualmente pueden ser utilizadas por hombres y mujeres.



El segundo año de existencia de Tropicaleo vieron la luz las dress shirts de manga corta, en los diseños Coco Piña y Piragua, camisas de hombre para salir a un jangueo casual-elegante confeccionadas con un algodón muy fresco.


Estas aparecieron también con diseños que hacen alusión a nuestro archipiélago y fueron realizadas con una tela muy cómoda, para evitar las molestosas y poco atractivas marcas de sudor.



Las ventas de Tropicaleo empezaron en línea, complementadas, cuando aún Karl vivía en New York, con presencia constante en pop ups y fiestas de barrio. Un año después de la creación de la marca, Karl se mudó a Miami, donde tuvo la oportunidad de venderlas en las Fiestas de la Calle San Sebastián que se extendieron a la ciudad floridana.


Allí, la cosa explotó. Julián Gil, Michael Stuart y Mimi Pabón, entre otras figuras, han comprado y apoyado sus productos, lo que es motivo de orgullo para él, al igual que lo es el que, incluso durante la pandemia, "me siguen entrando ventas de gente que quiere apoyar los pequeños negocios".


Karl y su esposa, Cristina.

"Todo lo que he creado es a base de una necesidad mía. Quería mostrar mi puertorriqueñidad y mi orgullo de una manera más sutil", expresa quien tiene su centro de operaciones en Miami y que, como tantos otros puertorriqueños, desea regresar algún día a su patria.


Los precios de sus piezas son muy accesibles. Las gorras cuestan $30.00, los shorts de hombre, $50.00 y los de niño, $30.00, mientras que el precio del bomber jacket, su ítem más caro, es $100.00.

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