Metrópolis Hotel & Club, un refugio de exclusividad en el edificio más emblemático de Madrid
- inpuertoricomagazine
- hace 2 horas
- 5 min de lectura
El histórico edificio de Gran Vía y Alcalá inicia una nueva vida como hotel de 19 llaves, club privado y destino gastronómico, permitiendo por primera vez descubrir desde dentro una de las arquitecturas más reconocibles de la capital española

Hay edificios que forman parte de una ciudad y otros que terminan convirtiéndose en su imagen. Durante más de un siglo, la cúpula del Metrópolis ha ocupado ese segundo lugar: aparece en postales, películas, fotografías y recuerdos de viaje, marcando el punto exacto en el que la calle Alcalá se encuentra con la Gran Vía.
Ahora, esa historia suma un capítulo inesperado. Metrópolis Hotel & Club abre sus puertas en el número 39 de la calle Alcalá, transformando uno de los grandes símbolos arquitectónicos madrileños en un proyecto de hospitalidad contemporánea que reúne un hotel de apenas 19 llaves, un club privado, gastronomía, bienestar y una programación vinculada a la cultura y la vida social de Madrid.
La novedad tiene algo de inversión de perspectiva. Durante décadas, conocer el Metrópolis significó detenerse frente a él y mirar hacia arriba. Hoy también es posible cruzar sus puertas, dormir dentro de su arquitectura y contemplar Madrid desde aquellas ventanas y espacios que hasta ahora formaban parte del paisaje urbano.
Un edificio de 1911 que vuelve a formar parte de la vida madrileña
La historia comienza mucho antes que el hotel. El edificio fue construido entre 1907 y 1911 para La Unión y el Fénix Español, en un momento decisivo para la transformación urbana de Madrid. Diseñado por los arquitectos franceses Jules y Raymond Fevrier y ejecutado en la capital por Luis Esteve Fernández-Caballero, nació prácticamente al mismo tiempo que la Gran Vía.
Su arquitectura de inspiración neorrenacentista, la rotonda de columnas corintias, las esculturas alegóricas dedicadas al comercio, la industria, la agricultura y la minería y, sobre todo, su cúpula de pizarra con detalles dorados terminaron convirtiéndolo en uno de los perfiles más reconocibles de la ciudad. En 1975, la antigua figura de La Unión y el Fénix que coronaba el edificio fue sustituida por la Victoria alada, la escultura que todavía hoy preside este cruce de Madrid.
La recuperación impulsada por Grupo Paraguas devuelve ahora actividad a esa arquitectura histórica. El proyecto reúne hotel, club y diferentes experiencias gastronómicas y sociales bajo un mismo techo, planteando algo poco habitual en la hotelería urbana: no construir un nuevo destino dentro de Madrid, sino introducir una nueva forma de habitar uno de sus símbolos.

Solo 19 llaves en una de las esquinas más conocidas de España
Metrópolis Hotel & Club cuenta con una colección de 19 habitaciones y suites, concebidas como espacios de calma dentro de un edificio situado precisamente en uno de los puntos de mayor intensidad de la ciudad.
Esa contradicción define buena parte de la experiencia. Afuera están Gran Vía y Alcalá; a pocos pasos, el Círculo de Bellas Artes, el Triángulo del Arte -Prado, Thyssen-Bornemisza y Reina Sofía-, el Parque del Retiro, galerías, restaurantes y buena parte de la vida cultural madrileña. Adentro, el ritmo cambia.
La intervención interior trabaja sobre esa relación entre la arquitectura heredada y el diseño contemporáneo. Materiales nobles, texturas cálidas, mobiliario de fuerte personalidad y obras de arte conviven con la estructura histórica, mientras los grandes ventanales mantienen permanentemente visible la ciudad.
Entre las estancias más singulares se encuentran las Circular Suites, de aproximadamente 80 m², cuya geometría sigue la propia rotonda del edificio. La Circular Suite Cibeles, situada en la cuarta planta, y la Circular Suite Victoria, en la tercera, ofrecen vistas panorámicas de 360 grados sobre Madrid. Es difícil imaginar una habitación que dependa tanto de la arquitectura que la contiene: aquí la forma del edificio determina literalmente la manera de dormir, desplazarse y mirar la ciudad.
La configuración más amplia alcanza aproximadamente 117 m² al conectar una de estas suites circulares con una habitación Superior, creando la Grand Suite 360º. A ella se suman otras configuraciones con vistas a Calle Alcalá o Gran Vía, además de habitaciones que mantienen como denominador común la entrada de luz natural, el cuidado de los materiales y una relación visual constante con Madrid.
Más que dormir en el Metrópolis: entrar en su club
Uno de los elementos que distingue al proyecto es que el hotel forma parte de un ecosistema mayor. Club Metrópolis recupera la tradición de los clubes sociales desde una mirada contemporánea: gastronomía, música, arte, encuentros y vida cultural conviven con espacios reservados a sus miembros.
Para el viajero, esto modifica sustancialmente la experiencia de un hotel urbano. La ciudad no comienza necesariamente al atravesar la puerta de salida. Parte de ella sucede dentro.
La programación contempla encuentros musicales y artísticos, activaciones gastronómicas y de temporada, experiencias privadas e itinerarios personalizados. El concepto busca conectar al huésped con la vida cultural y social madrileña y, al mismo tiempo, preservar la intimidad propia de una dirección con apenas 19 llaves.
Esa personalización se extiende al servicio. Las suites pueden incluir mayordomo, traslados desde aeropuerto o estación, servicio de sumiller, experiencias gastronómicas privadas y bienvenida personalizada. El concierge puede gestionar desde itinerarios culturales hasta acceso preferente a restaurantes de la ciudad, mientras que el servicio de personal shopper permite organizar experiencias privadas de compras.

Un edificio que también se recorre a través de la mesa
La gastronomía ocupa un lugar central en la nueva vida de Metrópolis. No funciona únicamente como servicio del hotel: el edificio ha sido pensado también como un destino para los propios madrileños.
Entre sus propuestas se encuentra Tasca Fina, una interpretación contemporánea de la taberna española que trabaja alrededor de la cultura de compartir, el producto y una ejecución más refinada. En un registro completamente diferente aparece Spa de Langostas, una experiencia gastronómica de carácter inmersivo en la que la langosta ocupa el centro de una propuesta inspirada en el universo marino.
La sucesión de conceptos permite que el edificio cambie de carácter con las horas. Desayunar, encontrarse a mediodía, cenar, tomar una copa o prolongar la noche forman parte de una misma dirección. Esa continuidad resulta especialmente coherente con Madrid, una ciudad cuya identidad se entiende tanto por sus museos y arquitectura como por la manera en que ocupa las mesas y extiende las conversaciones.
La intención es que Metrópolis vuelva a ser un lugar vivido, no simplemente contemplado.
Bienestar en medio del ritmo urbano
En un edificio pensado para permanecer activo durante buena parte del día, el bienestar funciona como contrapunto. Metrópolis incorpora un espacio dedicado a tratamientos de belleza y wellness, además de un área fitness equipada con tecnología Technogym y la posibilidad de solicitar entrenamientos personales, yoga, pilates y entrenamiento funcional.
El concepto evita separar bienestar y ciudad como dos experiencias incompatibles. La propuesta está pensada precisamente para el viajero urbano: recuperar energía, entrenar o reservar un tratamiento sin abandonar el centro de Madrid ni convertir el cuidado personal en un programa independiente del viaje.
Es una escala diferente de bienestar, más privada y adaptable a la agenda de cada huésped.
Dormir dentro de una postal de Madrid
La ubicación permite llegar en pocos minutos a algunos de los principales referentes culturales de la capital y sitúa al hotel aproximadamente a 20-25 minutos del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Pero quizá la distancia más interesante que acorta Metrópolis sea otra.
Durante generaciones, el edificio perteneció al paisaje de Madrid. Se lo fotografiaba desde Alcalá, desde Gran Vía, desde Cibeles. Su cúpula servía para reconocer inmediatamente la ciudad incluso sin necesidad de nombrarla.


















