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TALLER DE TAPAS ODA A LA TRADICIÓN ESPAÑOLA


El deseo de la abogada Ingrid Xaubet de encontrar en la Isla un lugar que se asemejara a los que acostumbraba visitar en su natal España dio pie al desarrollo de la idea que hoy es Taller de Tapas, que tiene espacios en Guaynabo (Ave. Albolote #19) y en el sanjuanero Paseo Caribe.


“Dependiendo de la región de España que se visite, una ‘tapa’ va a tener diferentes significados, pero se dice que esta tiene su origen en Andalucía. Si vas a esa área, una tapa es lo que te van a servir gratis con cualquier bebida que te estés tomando. En ese caso sirven una ración bien pequeña, que no necesariamente está montada sobre pan”, explica Ingrid acerca del platillo que da nombre a su exitoso concepto gastronómico.

Montada sobre pan es un pintxo (pincho), cuyo nombre también es controvertible, aclara Ingrid, “porque en el País Vasco le dicen pintxo, pero te vas a Cantabria y otras regiones y le van a decir montadito. El concepto es el mismo: un bite con un trozo de pan u otra base que te puedes comer en uno o dos bocados. Yo pienso, y en Taller de Tapas lo tratamos así, que la tapa es un platito un poco más grande, tipo andaluz, que puede ser un guiso u otra cosa que te tengas que comer con un tenedor. Ya lo que es un pintxo o montadito es el pan como base con algún tipo de comida arriba”, dice.


“Cuando llegué a Puerto Rico tenía la necesidad personal de decir: ‘Me quiero ir con mis amigas a un sitio a tomarme algo y comer lo que me comería en Barcelona’, donde salíamos de la universidad y nos íbamos al bar de la esquina para comernos unos montaditos o pintxos, y darnos unas cervezas o copas de vino. En Puerto Rico, esto no es habitual. En la Isla se ha transformado el concepto de tapas a los sabores puertorriqueños. No había un lugar ciento por ciento tradicional y, desde que llegué, tenía las ganas de hacerlo”, manifiesta Ingrid, quien vivió en el pueblito costero Pineda de Mar y es oriunda de Sant Pol de Mar, los dos a poca distancia de Barcelona. “Me siento de ambos pueblos por igual”, aclara quien tiene tres socios en esta aventura: su esposo, Edgardo Vázquez; Rafael Menéndez y Joel Hernández.

Aunque Taller de Tapas se mantiene cercano a lo que es un lugar de tapas, pintxos o montaditos tradicional, Ingrid explica que a su concepto le han dado un giro: la incorporación del rodizio, un tipo de servicio que se ofrece en restaurantes típicos de Brasil y Portugal, mayormente, en el que los meseros pasan por las mesas con las carnes y el comensal escoge cuál quiere comer.


“El concepto de rodizio en el que los meseros van rodando pintxos es innovador, porque en España los tienen en los mostradores y, simplemente, los coges y te los cuentan por los palillos. Nuestros meseros pasan por las mesas, te explican qué es ese montadito y, si lo deseas, ahí mismo te ponchan en un papel lo que consumes. Así se lleva la cuenta”, expone Ingrid, quien conoció a su esposo puertorriqueño cuando, en 2010, llegó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico como estudiante de intercambio.

Los precios en Taller de Tapas son muy razonables. “Hemos mantenido los precios de España. Nuestros pintxos cuestan $2.00 y, normalmente, el precio establecido en España es un euro con ochenta, más de dos dólares al hacer cambio”, explica, mientras añade que, adicional a la oferta de los montaditos tipo rodizio, ofrecen un menú de tapas, o raciones un poco más grandes para compartir entre dos o ingerir como plato principal.


Pese a que el concepto gastronómico en ambos espacios es el mismo, cada Taller de Tapas tiene su ambiente peculiar. El establecimiento de Paseo Caribe –que inauguró en julio de 2018– es más grande (con alrededor de 3,500 pies cuadrados) y más tipo “jangueo”, y en el de Guaynabo, que abrió sus puertas en agosto de 2016, prevalece un ambiente familiar. Sin embargo, ambos están hechos para que lo pases súper y reflejan la atención que sus dueños dan a cada detalle.

El establecimiento guaynabeño tiene fotos del parque barcelonés Güell, diseñado por Antonio Gaudí, y un mural que recrea el concepto del mosaico del arquitecto y que da forma a la bandera catalana, o senyera, realizado por Camila Rivera. Este lugar –que acomoda a 70 personas– también hace homenaje callado al emblemático restaurante El Zipperle, que cerró sus puertas luego de más de seis décadas en la avenida Roosevelt. “Justo cuando estábamos montando, El Zipperle liquidaba su inventario, así que tenemos una barra histórica”, resalta Ingrid.

En el restaurante de Paseo Caribe, igualmente, se luce un mural; este, hecho por la puertorriqueña Susana Cacho y también inspirado en el concepto del mosaico con los patrones típicos de las figuras del parque Güell. De la misma manera, los colores que dan forma a la senyera catalana tienen un lugar prominente a la entrada del establecimiento, que acomoda a 160 personas en su comedor interior, barra y terraza.


¿Qué comer y beber?

La mayoría de las propuestas culinarias de Taller de Tapas fue desarrollada siguiendo las recetas tradicionales de la familia de Ingrid, pero en la evolución de los espacios han contado con el conocimiento de Gabriela Olivieri, también gerente del local de Guaynabo.

Algunas de sus tapas más representativas son el Pulpo a la gallega ($15.00), que sale con papas al estilo chips; las Patatas bravas ($6.00) y los Buñuelos de bacalao ($6.00). Igualmente, los Dados de tiburón a la marinera ($12.00), las Croquetas de pollo ($7.00) y la Botifarra esparracada ($11.00) han tenido muy buena acogida, comparte Ingrid.

Entre los pintxos o montaditos calientes se cuentan el Bomba macho (croqueta de res y papa), Mar y tierra (chorizo, setas y camarón), Muselina con bacalao, Queso de cabra con serrano frito y miel, y Pintxito moruno (con carne de cerdo).

Mientras, entre los fríos encuentras la Anchoa con manchego, el Brie con nueces y miel, la Tostada catalana con jamón, el Salmón ahumado y los Dátiles con queso de cabra.

La oferta de comidas es amplia, y la de bebidas no se queda atrás. Buenas opciones de vinos y cócteles interesantes pueden conseguirse en ambos espacios.

La forma de presentar la oferta de vinos varía en los restaurantes. En Guaynabo, escoges el vino que quieres de un exhibidor que muestra entre 20 y 25 etiquetas y lo abren en tu mesa. Mientras, en San Juan, te sirven el vino en la barra o a la mesa y su oferta llega a alcanzar las 50 etiquetas.

Vinos blancos de España, Italia, California y Nueva Zelanda dicen presente. Los tintos cubren estas y otras regiones, como Francia y Oregon, pero vas a encontrar mayor variedad de españoles y californianos. “Las etiquetas que tenemos son de viñedos boutique, que cuidan muy bien su producto”, puntualiza Ingrid, quien aclara que en el local de Guaynabo no ofrecen espumosos.

Otro concepto innovador ha encontrado espacio en Taller de Tapas: la barra de Gin Tonic, que cuenta con alrededor de 50 etiquetas de ginebra y es parte de su amplia carta de coctelería.

Dos de esos cócteles interesantes son la Mula catalana, ya símbolo del restaurante y que se hace con ginebra, Tío Pepe, lima y ginger beer, y el Pau Casals, en honor al violonchelista y preparado con ginebra, St. Germaine, simple syrup, lima y cava.

¿Otros tragos que debes probar? El D’or Fashion, una deconstrucción del reconocido Old Fashion, y el Santarita, hommage al primer lugar donde Ingrid vivió en Puerto Rico, confeccionado con tequila, Cointreau, lima, simple syrup y Tío Pepe.

Para horarios, menús y reservaciones: TallerDeTapaspr.com y en las redes sociales, @tallerdetapaspr.

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